«Mira, muchacha, las millas
¿qué son para mi arrogancia…?
Mi amor no tiene distancia
de tanto zafar orillas…
Oye, amada, tus mejillas
dicen la flor que yo quiero;
desde que miré un lucero
en la noche de tus ojos
y de tus milagros rojos
salió un susurro: “Te espero” .»
Del libro Desde donde vivo de
Francisco Riverón Hernández,
Publicado en la revista Carta Lírica 42
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