en la boletería del cine nos atendía una enana
yo la miraba siempre de reojo
a pesar de mi curiosidad morbosa por lo extraño
temía que me maldijera
que su áspera envidia de damita inflamada
no me dejara crecer
que sus ojos saltones me volvieran
por obra de su odio una muñeca
dormida en un letargo azul de naftalina
la enana de pelo corto nos daba los boletos
y yo miraba hacia el piso para no desafiarla
entonces me topaba con sus piernas gorditas
con sus muslos morcillas
con sus rodillas bultos
usaba aquella clase tosca de botines
que resaltan la redondez de los tobillos
la enana estaba siempre de buen humor
pero a mí igual me aterraba
el cine tenía ese particular olor de los enanos
a viruta vencida y a arpillera
mi abuelo nunca esperaba a sentarse en la butaca
desde el pasillo sus bromas clamaban por un cómplice
cuál enana
le contestaba yo subiendo un poco la voz
será la niña de los boletos
enana no vi ninguna
le repetía
quería asegurarme de que ella me escuchara
después podía ver la película sin tanto sobresalto.
Del libro Espiar/Expiar de
Gabriela Onettovie -Uruguay-
Seleccionado por Juan de Marsilio
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