viernes, 7 de noviembre de 2014

ABANDONO


Hizo dos cabriolas en el aire
y sobre la firmeza exhaló mirando al cielo.
Su cercanía era todo color
que le embriagaba, le hacía sonreír,
y por ello abrazaba a desconocidos
sintiendo su olor recorrerle.
Su pensamiento era una música
que se repetía eterna y descansada,
sólo eso.
Miraba ávido
y se sorprendía de las nimiedades
que, al punto, olvidaba
para descubrir otras.
Quiso pronunciar una palabra,
pero se arrepintió raudo:
la virginidad del silencio
era la íntima melodía
que reprocharía collares.
Se redujo a ese esquinazo
en el que danzó en el aire
con un mundo escurrido entre sus falanges
que le cosquilleaba los pies.

MANUEL JESÚS GONZÁLEZ CARRASCO -Madrid-

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