Con harapos y descalzo ante usted he venido
mirada hacia el suelo para no verle los ojos,
intenté vestirme con feliz atuendo del rico
mas los rechazó mi vida habituada a despojos.
No tengo una sonrisa bañada en diamantes
que adornen mis labios que tiemblan opacos,
poseo la humedad del carbón de los amantes
que encendidos queman con besos el ocaso.
Mis manos ásperas por rozar otros cuerpos
plagados de espinas bajo la piel solapadas
serán muy suaves en penumbras del cuarto
ya que cual guantes de seda las cubrirá mi alma.
Mi corazón lanzando clamores sufrió afonía
de tanto mendigar ajenos amores al viento,
aunque mudo transita en solitud su agonía
susurros de pasión saldrán con su último aliento.
Y por fin mi cuerpo que el escarnio ha sufrido
de rocíos y luna en intemperies de mil deseos
aguarda impaciente, mujer transitar sus vacíos
entregarle mi humilde amor, es todo lo que poseo.
Ramón Pablo Ayala (Argentina)
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