De tu suelo moreno
recogí
las raíces,
de tus heridas marchitas,
de la precaria simiente
hice un haz de mis sueños
de pasadas batallas,
se blandieron puñales,
se marchitaron rosas y rodaron las hojas
de los mustios otoños.
De los aires del norte
llegaba hasta tu vera la inconfundible
ola de destierros heridos
de clandestinas huellas
de los gritos hermanos
de las manos sangrantes de alegrías fugaces,
de tu pecho en mi pecho
ahogando plegarias de mártires caídos...
El fusil que se ahoga mutilado en sí mismo
por la bala que canta
del enemigo herido, del hermano que cae
en el soberbio suelo...
de la lluvia que lava la simiente primera
del hambre que se niega en aposento noble
para brillar su luto
en la humilde cantera de la precaria choza.
De tus heridas leves las raíces crecieron
se volvieron corteza,
abrazaron el pan de eterna levadura ,
de la lluvia temprana
de la simiente luz y tu eterna mirada
alumbrando el sendero...
Y otra vez
las espigas de tu suelo moreno
de la caña y el trigo
que tus manos abrazan,
otra vez acarician la semilla temprana
para engendrar el fruto
de una nueva esperanza, nueva luz,
nuevo suelo...
¡Nueva vida a tu lado!
Ricardo Flores Joya -El Salvador-
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