El otoño carraspea esgrimiendo hojas de calendario,
es tiempo de la piel de gallina,
del viento que a la intemperie
interrumpe las conversaciones de ceniza
entre los pétalos de la flor secreta.
Es tiempo de decir que otoño rima con madroño
y con el musgo del coño
aunque el silencio enarque las cejas
y las encaje en los márgenes del pudor.
Es tiempo de cambio,
de paradoja,
del olor de la orilla de la pubertad
que se alegra, agrada y agranda.
Tiempos pálidos que todo lo renuevan
como riachuelos de estroncio.
Es el tiempo de la vida,
de vivir profanando la realidad que nos inventaron.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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