En la esfera de la historia,
desde los espacios oscuros de las cavernas,
las mujeres hicieron siempre coreografías
de danzas cenicientas.
Rituales de jornadas cubiertas, sin aliento en sus bocas.
Históricamente preñadas hasta los párpados.
Remendando su mundo de pequeños misterios
desde coordenadas vulnerables.
Hasta un vocabulario específico,
elemental,... ¡al servicio del hombre!.
Parturientas solitarias en un lecho de liturgias
a la intemperie de conjuros entre un velamen de secretos.
Siendo lunas de dispersión irreverentes con el cosmos.
Su destino, la médula de la desmemoria a cuanto hicieron.
Siempre eclipsadas, en opacas espirales
confinadas al vacío de sus vidas en un tiempo espeso de tareas.
Silencios de perpetuos anonimatos en las sombras del abismo.
A contrasueño, siempre hembras a punta de entereza.
Protagonistas solo del reverso de la humanidad.
Con noches de sexo y luego la distancia.
Minuciosa y grosera distancia reflejada en sus rostros
con perfiles de antagonistas de la historia.
Bajo la escarcha, su valor de vigía de la vida de los suyos.
PEDRO JESÚS CORTÉS ZAFRA -Málaga-
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