Un despertar de almendros. El rocío
sin rama y por las velas: mar de flores,
mar de tus ojos –párpados cantores-.
¡Y la muerte volviéndome más frío!
¡Y la muerte bajando por el río!
Besa mi boca, lame mis dolores;
Bésame, hasta perderte en los olores
de un puerto triste o de un jardín sombrío.
Bésame. Acércate, que un boca a boca,
levanta espuma y alza a sus altares
a este amor que te está volviendo loca.
Bésame, que agua y juegos malabares
son nuestra vida y muerte en esta roca:
¡Y quiero conocer otros lugares!
Antonio Ramos Olmo -ESPAÑA-
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