viernes, 11 de abril de 2014

SEIS MILLONES DE ÁNGELES VARIOPINTOS


(según las últimas estadísticas)

Orejean el más mínimo rumor
esperando que la vieja soberbia
del hombre cese.
Mientras tanto,
deciden bajarse en la próxima
estación, siempre en la próxima
parada del Metro,
adonde vagan
encarnados, omnipresentes
como ángeles con un único brazo
y objetivo: el de pedir,
a la audiencia que les escucha, una
monedita para comer.

Vomitan sus cuitas en rela
jada narración a cada viajero,
como compañeros de viaje
obligados a estar un largo tiempo
juntos, y a matar el tiempo así.

Y en otro vagón siguen
negando el sueño, la paz
de los mudos y adormilados
trabajadores del suburbio.

Suelen contar que vienen
del paro y van al paro:
aún muestran su cartilla
como una cédula de buena fe.

Ningún alma se suelta
la mano para darles
constancia de que es cierto.
Al menos, esa caridad.

FULGENCIO MARTÍNEZ
Publicado en la revista Un día es un día Ágora

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