Me quedé pensando en mi morada,
sobre un amanecer junto a ti,
teniéndote en mi almohada,
acostada, muy cerca de mí,
pensé como seria tu despertar,
el olor de tu presencia,
y comprendí que tu ausencia,
no respondía mi preguntar.
Miré a mí alrededor,
a esa casa vacía,
y pensé que no tenía,
ya vida, ni calor;
cerré mis ojos pesados,
y abrazado a mi almohada,
imaginé que tú estabas,
acostada a mi lado.
Fue un momento dorado,
ocurrió que en mi presencia,
la claridad, y la esencia,
de tu perfume me rodeó;
en un momento me dejó,
tan lleno de tu humanidad,
que sentí, tuve felicidad,
y se relajó mi corazón.
Espera me dijo una voz,
que no desespere tú alma,
deja que vuelva la calma,
olvida el decir adiós;
y sin darme aún cuenta,
sin poner mucho empeño,
me rendí con el sueño,
de tu imaginada presencia.
José Prado -Estados Unidos-
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