Un patio, este patio,
nunca puede ser la medida de mi conciencia.
Lo recorren sombras
y bichos raros, lo pisotean a veces.
Cada maceta es una lápida verde
que apunta al azul lleno de olores de la tarde.
En las mañanas, las ausencias,
son voces que no dicen nada.
Las noches todo parece viejo,
si me miro en el patio,
este patio que es el espejo de mi conciencia.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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