Visitante furtiva en la turquesa me miras,
y mira cómo, con ojos de almendra,
semilla de girasol pelada y atenta.
Ya no quiero cosas, objetos múltiples
y caros, inaccesibles
como no sea robando.
Entonces, ¿por qué me miras así,
con tanta promesa, como si yo para ti de veras,
como si en esa tu dulzura
me quisieras? Qué engendro del bien
adivino cuando sales del letargo,
levantas los párpados y me pones tus iris tremendos,
me socavas la retina, me bajas
el cerebro al entrepierna, me lo sublevas.
Si te das cuenta, ¿por qué lo haces?
No soy diamante, ni siquiera piedra,
soy cualquiera. ¿Con qué visión me alhajas?
¿Con qué recuerdo de haberme tocado te quedas?
No sé si me sueñas cuando relampagueas.
Te engañas o me engañas.
El mundo querrá prohibirte si cedo,
y la marca de indecente no me la quitaría
ni con agua de lejía.
Soplan olas en el sarape verde de las hojas
de la plantación y el bosque.
Es hora de partir, se hace tarde.
Deja de mirarme. Y si insistes,
pon aquí tus manos, y aquí,
y no me sueltes, que me caigo.
Hermann Bellinghausen -México-
Publicado en Periódico de Poesía 67
No hay comentarios:
Publicar un comentario