La verdad no es absoluta. No es con mayúsculas. Todos mentimos. Manejamos la realidad a nuestra conveniencia y la fabricamos según nuestras circunstancias.
El arte de muchos es procurar que esa falacia no se advierta.
La realidad no es más que un acuerdo social.
Acordamos qué está bien, qué está mal, qué es lo justo,
qué es lo bello ... Por eso nos dan miedo aquellos que no aceptan ese acuerdo y los marginamos.
La verdad, como la vida misma, es contraste, desequilibrio,
diferencias, movimiento ...
Así ... la oscuridad revela la ardiente belleza de la llama ..., el prisma separa la cálida variedad del arco iris de la insípida blancura de la luz ... y el silencio provoca la súbita emoción de la música.
La verdad es una batalla sorda y constante entre posturas e imposturas.
No hacemos más que separarnos, resaltar las diferencias, alejarnos, ... buscando la verdad, la supuesta absoluta verdad.
Sin embargo, somos tan iguales y tan distintos a la vez ... estamos hechos de los mismos miedos, anhelos y sinrazones, de los mismos pecados y amores, de la misma angustia y de la misma paz.
No hay verdad absoluta. Hay distintas, infinitas verdades, todas veraces y no juzgables.
MANUEL JIMÉNEZ
Publicado en el blog Instante Cero
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