Sobre las olas del mar
flotando llegó el rumor,
de un lejano clamor,
y de un hondo suspirar;
sobre las aguas marinas,
un aroma de mujer,
cubre como temprana niebla,
mi sentido del querer.
El paisaje matiza el sol,
llegando a acabar la madrugada,
despertando con sus rayos,
a mi mujer adorada;
agua sobre su espalda,
guarde Dios sus bellos ojos,
caen las sombras de hinojo,
ante el reflejo del alba.
Como espero tu llegada,
con suspiros y aromas,
con el color de tus ojos,
fuertes como el Amazona;
como añoro levantar,
mi cabeza de la almohada,
para solo poder mirar,
tu despertar en mis mañanas.
José Prado -Estados Unidos-
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