En el Domingo de Corredoira abundaban los disfraces, pero la celebración era otra. Las tarteras y las ollas de barro eran las más usadas en la cocina. Por esa razón se rompían o descascarillaban con mucha frecuencia, quedando inútiles para su uso en cocina. Estos cacharros no se tiraban, se guardaban hasta el Domingo de Corredoira. En este día, las sacaban a la calle, normalmente después de comer y juntábanse con otros vecinos. Los ponían en medio de la calle, alrededor de ellos se formaba una rueda de gente que se disponía a entrar en juego. Cogíase uno de los cacharros e íbase pasando de uno a otro, de una forma rápida para dificultar cogerlo, ya que al estar resbaladizo caían al suelo y se destrozaban… Domingo de Corredoira.
Del libro El Carnaval marinense de José Ruiz Guirado -El Escorial-Madrid-
Publicado en la Biblioteca
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