miércoles, 16 de abril de 2014

DOLOR DE EDÉN


Tus muslos apodícticos
detienen la luz y el tiempo
ni siquiera el silencio
de ellos puede escapar.

Peces con ojos en la cola
nadan felices
en tus carnes
mientras tus huesos oscilan
el cadáver de la Eternidad.

Todo es absorbido
por las ráfagas de tu cuerpo
tornado omniciente, altivo,
que provoca y mata el placer.

Hasta el fuego se acobarda
frente al arco de tus piernas
ante ésa casi omnipotencia
¿Qué puede el pensamiento hacer?

Las fuerzas de la nada
cortan la noche de ti
y hacen que mi piel sienta
la dulce angustia del sufrimiento
el trauma inevitable
de un nacimiento,
el cuasi orgasmo de morir.

VÌCTOR DÌAZ GORIS -República Dominicana-

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