martes, 15 de abril de 2014
DESPROPÓSITO G1679/C14
Mirad, mirad bien cómo se derrama
el rizo de la ola sobre la mullida acera;
mirad la hipocresía exultante
de su espuma televisada
y de cómo los voceros
os inculcan su salitre entre los dedos
extendidos en la mortaja de un sol subtitulado.
No, no digáis nada, callad a la puerta del tugurio
donde se colman los vasos para los brindis
que enrancian ríos caudalosos atorando
desembocaduras de bellos cadáveres hinchados.
Será esa una paz apabullante, un inciso infinito
nimbando vestigios de lágrimas proscritas
con la tersura del corcho
y la ambivalencia de una pleamar
que hacine todos los posibles horizontes
en el trazo hueco de un cigarrillo postrero,
diezmado y flotando en el dique de la acera.
Cuando el hedor del destripado cangrejo
nos reboce en la punzante arena de la playa
y no sepamos responder a su picazón,
ciegos, errantes, imposibles,
entonces, quizá sea entonces.
MANUEL JESÚS GONZÁLEZ CARRASCO -Madrid-
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