lunes, 6 de abril de 2020

DOMINGO DE RAMOS


El tiempo corre sin esperar a nadie. Hoy es Domingo de Ramos y obviamente este no es como los anteriores. El pasado año, por ejemplo, a estas horas la gente ya se encaminaba al centro urbano para acompañar a la Borriquita, los adultos bien maqueados estrenando ropa de primavera, pues ya conocen el dicho: Domingo de Ramos, si no estrenas algo te cortan las manos; los niños iban luciendo ramas de palmera. Yo los contemplaba sujetando al Tomy para que no levantase la patita sobre algún pantalón infantil, acostumbrado como está a levantarla sobre los troncos de las palmeras de la carretera.

Fue entonces cuando la señora Pepa, una que ya no cumple los cincuenta años, viuda desde hace cuatro, se me acercó y, mirando a dos parejas que se dirigían a la parada del bus, dijo:

—En estas fiestas se inflan a robar los carteristas y sinvergüenzas. Aprovechan las grandes aglomeraciones de gente para con mucho arte limpiarles la cartera. Se lo dice una que ya conoce esa amarga experiencia.
—¿A usted también la han robado la cartera?
— ¡Digo! El año pasado en la procesión de la Borriquita, en pleno día.
— ¿Y qué pasó?
— Pues que yo llevo colgado una especie de escapulario de unos diez centímetros de lado con una cremallera y en el interior guardo mi dinero. Y con todo eso un bribón me lo robó.
— Pero…¿Usted no se dio cuenta de que le metía la mano en el escote?
— ¡Pues claro que me di cuenta! ¿Pero quien iba a pensar que iba con mala intención?
— Ya. ¿Y usted denunció el robo a la policía?
— ¡Pues claro! Si no, no me responde el seguro de hogar, que incluye los robos en la calle, como usted sabe ¿verdad?
Pues sí, lo denuncié. Los agentes se lo tomaban a cachondeo y no querían escribir. Pero yo insistí en que me habían robado de esa manera.
—¿Y qué paso?
— Pasó que me obligaron a hacer una reconstrucción de los hechos. Yo me puse mirando hacia arriba, —la Borriquita pasaba a hombros de los hermanos—, y el policía introdujo su mano hasta el sujetador e intentó coger un pañuelo sujeto entre los senos que yo había previamente puesto allí para la reconstrucción. Yo decía que el ladrón lo hizo con más delicadeza y que por eso no me enteré. Y uno tras otro, los veinte agentes de la comisaría fueron metiéndome mano. Fue lo mejor, yo hubiera estado reconstruyendo todo el día.
— ¿Y en qué quedó la cosa?
— En el dulce recuerdo que me ha dejado sentir en mis senos una mano cálida. Porque "el dinero no tiene nombre y es irrecuperable", me dijo el comisario.

Pues eso fue lo que pasó el año pasado el Domingo de Ramos,
Este año no salen las procesiones, los hoteles y loa hostelería se hundirán y los parados aumentarán. ¡Hasta los aparcacoches lo van a notar!

JUAN PAN GARCÍA -Puerto de Santa María-

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