miércoles, 8 de mayo de 2013

UN PUEBLO LIBRE


Los pueblos son libres, han de serlo sin quieren decidir su futuro. No hay pueblo libre si está oprimido por otros. Donde no hay alegría, interna, segura, convencida, no hay lugar para la libertad. Cuando un pueblo sabe lo que quiere, y así lo afirma y se reafirma en su sabiduría –que puede ser más o menos acertada pero que es la que piensa que es- la alegría y la fiesta surgen a borbotones. Nadie puede negar las evidencias.

La libertad de los pueblos no es contraria a la eliminación de las fronteras: éstas son creaciones artificiales: decididas para poder controlar, desde los poderes de una minoría privilegiada, a la población. Las diferentes culturas, en cambio, son creaciones de siglos y siglos de antigüedad, y han crecido, y seguirán haciéndolo, por sus mutuas interrelaciones, influencias, contactos y aportaciones.

Que nadie pretenda confundir la libertad de los pueblos para decidir su camino y defender sus culturas con la imposición de fronteras y la parálisis del progreso. Al contrario: es precisamente esa libertad y defensa de lo propio lo que hace posible que siga existiendo esa multiculturalidad que tanto necesitamos hoy en día para poder combatir la monotonía de esa anticultura que algunos llaman “globalización”.

FRANCISCO J. SEGOVIA -Granada-

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