martes, 7 de mayo de 2013

NUNCA SON OBSCENAS


​Nunca son obscenas ese tipo de cantidades
esos irreprochables manteles cubiertos de higos​
y celos o telarañas en un esquinero,​
y toallas que el tiempo derribó​
en una tarde de domingo, en Enero,​
aquel mes abrazador y de calor inmutable​
frente a la solvencia hecha de lejanas bibliotecas,​
plebeyo desierto​
donde practico mi imperfecta posición de loto.​
Tuve una glicina, una profética glicina,​
en el patio de mi casa​
que de manera incuestionable se secó​
(lo dije: una profética glicina)​
Nunca son obscenas ese tipo de cantidades​
cuando despertamos y nos miramos al espejo​
y nos reconocemos en el silencio de aquella tarde​
donde un solitario benteveo canta​
en el atardecer de un día cualquiera,​
cuando paró de llover​
y nuestros rostros se buscaron desde la ausencia​
de una Virgen flourescente en azul,​
ese azul que te espanta​
y que ya no indica la manera de llegar​
hasta el portón abierto de tu casa.

Conrado Yasenza
Publicado en la revista Molino Rojo y Fernet

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