martes, 7 de mayo de 2013
DONDE LA AVARICIA ROMPE EL SACO
“El poder arbitrario constituye una tentación natural para un príncipe, como el vino o las mujeres para un hombre joven, o el soborno para un juez, o la avaricia para el viejo, o la vanidad para la mujer”
Jonathan Swift
Y así estamos, viendo como se merma la sanidad y se le restan dígitos al sueldo y las colas de parados parecen el laberinto de Creta, cansados de escuchar el sermón que es cosa de todos salvar al país, los bancos y los contratos blindados de sus desalmados administradores, todo por la patria y el saco de la avaricia que, a veces, solo a veces, algunos jueces deciden abordar dar un tajo en el costado del desafuero y pesar la verdad del contenido.
Cuenta el dicho, la leyenda de lo divino, como a veces se puede romper el saco de la avaricia que es Biblia y Evangelio, así nos lo enseñaron cuando niño para calmar el llanto que pedía pan y pecho jugoso, tiempos de posguerra y lutos. Pero lo cierto es que aquí y ahora, como siempre para no olvidar la costumbre aunque la alienación no descanse, millones de ojos de criaturas denudas al completo y a todas horas, miran a los cielos a ver si al fin se rompe tan dichoso saco de la ruindad y al menos unas migajas de céntimos se derramen, se desperdiguen por los surcos, desde donde se ruega poder labrar la tierra, para que el pobre se hinque de rodillas y sude, que rebusque patatas tras la recogida de la cosecha. Así esperan los sumisos pobres de este país, desnudos como los adanes y evas, que dicen, fueron creados en un cuento donde el gozo contenido rompió la virginidad, Literatura y mito de tiempos primitivos cuando todos portaban en sus venas el mismo color de sangre, hasta que fueron desmemoriando los poderes divinos y se clasificaron los colores y la sangre fue río de desgracias hasta quedar la del pobre de un rojillo descolorido y necesitada de anticoagulante.
Dónde el poder del omnipotente dios cada día más distraído con sus asuntos propios. Dónde su ira que rompa ese saco que guarda en moneda de valores el sudor y la lágrima del pobre. Que se produzca el milagro justo sobre la explotación despiadada, rasgar la acumulación de tantas pestilente riqueza, que al menos se desparramen los céntimos, unas partículas, y así, la sangre de los de abajo no se coagule y deje en ridículo a Servet, mente viva que prefirió ir a la hoguera antes de desmentir el descubrimiento de su saber a la Santa Inquisición. Un residuo siquiera que simule el milagro del pan y los peces, calmar el músculo de los que producen y engordan el caballo del amo, tesoro, la codicia, el exquisito menú de la glotonería.
¡Ay!, como le crece el pelo al muerto ante el cálculo impío y la monserga de las falsas palabras que nada alimentan porque son pura fábula y cuento de camino de noches junto a la hoguera. Quién piensa si no es porque los rezos de los poderosos poseen tan potente fuerza que llegan a los cielos y dominan, manifestando que siempre ha habido ricos y pobres y que la jaculatoria y la plegaria son una cosa y el reparto de los bienes es otra. Y dios, como lo cantó el peruano Vallejo, puede que esté enfermo y no perciba el murmullo de los que esperan que el saco de la abundancia reciba una puñalada en el costado y algo se derrame, y si dios pudiera que ya no sean solo las miajas del céntimo sino el reparto de todo lo amasado. Justicia divina y aquí paz y gloria en la tierra como en el cielo. Y si no se logra el dicho evangélico pues que llegue la fuerza y al son de la música del silbato y golpes de porras bien pagadas, acalle a esa muchedumbre que cada día cree menos en las alegorías de la gloria, porque ella, desnuda como las sirenas de la mar, tienen los pechos tristes en los que la lágrima llora. Porque los obispo no se van a manifestar a favor del menesteroso. Porque los ministros de dios ya hace tiempo que callan como putas en cuaresma en esto de la miseria, porque los mandamientos cotizan en la Bolsa. Ya tienen bastante con manifestarse contra el aborto y el condón por esto de la higiene, cuando millones de seres que se consideran también humanos piensan que traer pobres al mundo al precio que está el salario es un suicidio.
Y así estamos, viendo como se merma la sanidad y se le restan dígitos al sueldo y las colas de parados semejan a las procesiones, cansados de escuchar el sermón que es cosa de todos salvar al país, los bancos y los contratos blindados de sus desalmados administradores, todo por la patria y el saco de la avaricia que, a veces, solo a veces, los jueces abordan con valentía y riesgo pesar la verdad de lo podrido. Así que tú dirás trabajador por cuenta ajena, cuando trabajas. Como se decía antes, pues ahora la izquierda desmemoriada se inventó la etiqueta de las “clases menos favorecidas” Y es que ni existe la izquierda con nuevas ideas ni el dios que se utiliza es el verdadero. Ya lo cantó Schiller en su poema Los dioses de Grecia: “Cuando los dioses eran más humanos, los hombres a los dioses estaban más cercanos” Todo porque “Han caído con sus pétalos todas la flores, / el invernal tiempo del norte las arrastró. / Uno solo entre todos se enriqueció, / en sus aras pereció el mundo de los dioses”
FRANCISCO VÉLEZ NIETO
Publicado en el diario independiente Luz de Levante
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