Cada vez que esa mujer enfila su cámara y fotografía el espacio-tiempo,
miro su mirada porque
es mas fácil alimentar el caos desde idéntica perspectiva,
desde la mirada de esa mujer.
Dos cerebros y miles de píxeles
encaran la idea,
y engullen la luz
si solo somos luz.
Dos cerebros los que desnudan
el blanco y negro
y lo transforman
en la extrema lucidez.
Y queda como la eterna velocidad
de los instantes,
el roce de dos miradas
de una fotografía.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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