Muda, triste caminaba
por la vereda del tiempo,
de soledad llena el alma
al tropel de mis recuerdos.
La noche de nardo y plata
relumbra como un espejo,
el viento le canta al alba
mi viejo dolor sin dueño.
El polvo de los senderos
guarda el sabor de mis lágrimas,
el sol no pudo, del suelo,
ni traspasar su fragancia.
Lleva el aire una canción
que habla de lunas y besos,
de amores y de silencios,
de caricias y de tiempo.
Pepita Oliva (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 25
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