La mirada es tuya
y mía la culpa
por sonrojarte
hasta que me descubras.
Tú, tan hermosa y primorosa.
Donde busco
cada momento
cuando estamos en bullicio
parecerme al silencio.
En el clímax del orgasmo
que mis labios descubrieron
con la lengua, conocí
la semilla de la flor de crisantemo.
Qué en pétalos regados
después de extasiarte toda
gemiste para decirme que me amas
y descubriste, el disfrute
de nuestro sigilo.
Empapados en sudor
desde la frente a tu ventana
donde te dije que te adoro
eres mi verdad
y no un sueño.
Te cuidaré como mi mayor tesoro.
Enrique Palma
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