Voy en la mañana mirando al cielo
sin suerte, amarga, pueril, casi muerta,
inerte, clama sumergida en hielo.
Consintiendo ser la mediocre huerta
de la memoria, descansa la calma,
el rastro tuerce la señal abierta.
Debo callar la grandeza del alma,
sin soliviantarse la dulce alquimia,
a los muslos vacíos la desalma.
Decir sin lamento con la vendimia
de tus besos, de tu gesto en el verso.
Destroza el tiempo, con la sinonimia,
la intención de envolverme al universo,
como la maldita carga en el rizo,
al final duermo, en el dolor perverso.
Pregunto, si mi convicción suavizo,
como aquellos caminos en el puerto,
mirando ese mar, la niebla analizo,
siento que mi vida sin más alerto.
ISABEL REZMO
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