Cuando juntas fantaseábamos
en esas largas tardes de primavera
embelesadas las tres
en nuestra habitación.
Soñando despiertas
entre música de Los Beatles
y los cuentos fantásticos
de príncipes azules.
Esa adolescencia pura
llena de fantasías
de los bailes de la escuela
y las películas románticas.
Soñábamos con viajar
con recorrer el mundo
ir a lugares históricos
o de los cuentos de las mil y una noches.
Desiertos con camellos y odaliscas
castillos principescos o embrujados
o las simples callejuelas
de las ciudades europeas.
Una playa solitaria
en una isla desierta
navegando en un velero
sobre las aguas caribeñas
donde piratas apuestos
surcaban los mares
en sus barcos negros
y sus banderas de calaveras.
O con ser actrices de teatro
e interpretar a heroínas
obras bellas que actuábamos
en nuestro club del barrio.
Elegir el disfraz más original
hecho por nuestras propias manos
para ese carnaval tan feliz
que llegaba en febrero.
O las fantásticas hogueras
de San Pablo y San Pedro
donde asábamos batatas
alrededor del fuego.
Estudiábamos inglés
quizás seríamos arqueólogas
o una agente secreta
como la mujer maravilla.
Pero este mundo imperfecto
donde todo es lastimero
destruye las ilusiones
de unas jóvenes de clase media.
Nos casamos una a una
esa era la enseñanza
muy jóvenes comenzamos
esa rutinaria vida.
Moni fue profesora de dibujo
Marita una maestra jardinera
y yo la más loca y soñadora
secretaria, asistente y cosas diversas.
Tuvimos hijos, esposo
aún ustedes lo tienen
una vida familiar, común
con sus altos y sus bajos.
Solo yo tuve desgracias
y quedé sola nuevamente
pero mi espíritu idealista
jamás me abandonó.
Y a pesar de las penurias
los esfuerzos y las tristezas
logré remontar mis sueños
y ser una escritora.
Ustedes dos siguen casadas
con sus hijos y ya sus nietos
y aunque yo también tengo los míos
eso no me bastó para apaciguarme.
Y un día sin pensarlo
en mi eterna soltería
encontré a alguien
que sería mi príncipe azul.
Aquel que me llevaría
a las tierras de ensueño
de ese amor quimérico
lejos de toda mi soledad.
Ah amigas tan queridas
hermanas de verdad
los años fueron pasando
ya no nos vemos más.
Nunca olvidaré aquellos crepúsculos
cuando el sol ya se ocultaba
y entre relatos de brujas
vampiros y fantasmas
temblábamos de miedo
pero a ellos nos enfrentábamos
con nuestra sola arma
la hermandad de tres camaradas.
Jamás podré borrar
de mis recuerdos
aquellas fantasías
que locamente ilusionadas
vivíamos las tres.
Y aunque por caminos distintos
cada una se fue
las llevo dentro, muy dentro
de mi corazón.
Diana Chedel -Argentina-
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