Yo le conté tu historia
a los vientos
a las olas del mar
y al puerto de los sueños,
y me hice parte
de la historia tuya
porque crecimos
en el mismo umbral
de la baraja del destino...
Sembramos una misma semilla
para crecer rendidos
al sueño del fruto
que nos unió a los dos.
Compartimos el pan
del silencio
cuando la palabra era devota
del dolor
y herían las espinas
de la zarza de los vientos,
cuando renunciamos
al suero del placer,
y el miedo no encontró refugio
cuando la sombra se hizo luz...
La historia de un mismo sino,
dos almas
que se amaron en el ocaso
sumiso
a la rayuela
y el furtivo beso,
la timidez y el sueño,
crepúsculo de la inocencia
cuando las últimas promesas
sellaron
desencantos y laberintos de dolor...
Yo era feliz contigo,
tú lo sabes,
yo prediqué tu historia
a los vientos,
a las estrellas de la noche,
a cada simiente de luz
yo le hablaba
de la miel de tu sonrisa,
de tus labios en flor,
de la fuente de tus aguas
de vino y sal, de oporto y lluvia...
Ahora, ya lo ves,
el destino indefectible
resume las historias,
las redime
y de la misma copa
nos hace beber
del mismo vino
y el oporto de los tiempos.
Ya no hace frío!
Hay una simbiosis de tu historia
y la mía,
de tu cuerpo y mi piel
¡Hay primavera!!
Ricardo Flore Joya -El Salvador-
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