Con rabia nació la mañana,
con esos miedos infantiles
de monstruos y calaveras,
con la condición de morir al medio día,
al medio sol,
a la media vuelta...
La rabia,
el cerebro de la astucia,
el desatino del cruel amanecer,
la placenta de una nueva aventura,
el parto por excelencia.
¡Dioses!
Desatad los vientos
y que las fuentes manen sangre...,
la sempiterna raza de malditos...
¡Dioses!
Que la noche sea el día
en cada mañana...
Julio García del Río
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