En el medio de la noche
mis sueños se perturbaron
y me encontré rodeada
de demonios que me asechaban.
Sin saber si era solo un sueño
lo que allí me atormentaba
o la cruel realidad
de encontrarme en el infierno.
Súcubos e íncubos
salían de todos lados
con sus libidinosas manos
y sus gemidos erráticos.
Rodearon mi cuerpo aterido
agazapado en mi lecho
y mi boca tan cerrada
que no podía ni proferir un grito.
Sus jadeos sarcásticos
ensordecían mis oídos
y sus miradas insinuantes
me hicieron cerrar los ojos.
Apreté mis párpados, y un grito gutural
se desprendió de mi garganta.
Luego un llanto desesperado
acompañado por una oración
que fue una plegaria de auxilio
aunque muda y silente
invadió mi mente
y el silencio volvió a rodearme.
Despertando así de golpe
me vi asida al respaldar
temblando y sollozando
miré a mi alrededor
y en ese mismo instante
la tenebrosa pesadilla desapareció
volviendo mi alma y mi espíritu
a la quietud de la noche en paz.
Diana Chedel -Argentina-
No hay comentarios:
Publicar un comentario