Agrega ya a la lista de reclamos
no lo olvides ni por un momento,
de acusar a mis cansadas manos
que secaron todos tus lamentos.
A mis besos que salieron urgentes
al encuentro de venenosos labios,
avanzaron esclavos, ciegos y silentes
a quitarte de otras bocas el resabio.
A mi alma que te vio arrodillada
suplicando no morir en la deriva,
aunque sabiendo que se congelaba
sufrió intemperie, te dio guarida.
A mi loco corazón que no razona
que no sabe de rencores y olvidos,
a ese necio que te ama y te perdona
y aun piensa que lo has querido.
A todos ellos has de acusarlos
ante el sol y el cielo como testigos,
injusta fuiste y has de comprobarlo
cuando extrañes amor... lo vivido.
Ramón Pablo Ayala (Argentina)
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