No había nacido
cuando me educaron
para alabar a los vencedores.
Y lo hice,
hasta que conocí
el llanto rabioso de la impotencia.
Y lo hice,
hasta que descubrí
que mi única certeza
es que solo tengo dudas.
Y lo hice,
hasta que comprendí
que todo movimiento deja un rastro
aunque sea de huellas en el aire.
Y lo hice,
hasta que me enseñaron
que el futuro está escrito en el pasado.
Y lo hice,
hasta que fue parido mi nombre,
que es el nombre de todos
los que quisieron atesorar nubes
y acabaron
comiéndole el coño
a boca llena
a esas madrugadas
de las que siempre es mejor no hablar.
FRANCISCO TOMÁS BARRIENTO -Campofrío-
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