El corazón en línea llama a latido, parece una calle, la sangre huyendo
y, la vida en las venas del vaivén. Esta sangre me hacen pensar,
entre la profundidad, el estar en pie sostenido por el luengo veloz y vital.
Muevo una línea en la mano.
Lo que resume la adversidad al ser con bálsamos y batallas.
Una gota, un yo castizo, un usted mutuo en pétrel nos hace caudal, premura moderna en remanso.
Vamos siendo, ahora que el pie en la orilla infinita está vacío.
Somos las vidas como un pozo de luz resucitando.
Afuera los días caminan con las horas amalgamas, resumes lo que es, donde la razón preclara aún no tiene un plan.
Nos queda claro, que somos sangre para dar pasos de apetito.
Vertimos caminos, cristales con sol y sed heredan huellas, al transparente susurro trascendemos copiando la claridad aprendida.
El afuera siempre es sorprendente.
El tiempo espontáneo nos toca hábiles señales, besamos histerias
y causas fértiles en descuento taciturno.
Una arena mordidas de sucesos,
una víspera dispersa en la nuca cabizbaja de las penas.
Aún untado en el éter del espejo dislumbras, que aún sin peso eres.
Sangre para los apellidos, besos a sed dentada para los labios.
Versos pintados en calles oxidadas donde el poeta jamás creyó que antaño los hiciera un legado.
Con la mano incendiada de preguntas apagamos la espera.
Siempre caminamos con el linaje de sangre que nos heredo otras vidas.
Por eso no estamos solos.
Belén Aguilar Salas -Costa Rica-
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