Me enamoré de la mujer de rojo
que entre los pliegues de una falda ardía;
tanga de fuego y ligas de agonía
vistiendo mi pasión. En un deshojo
del corazón, su labio cuelga flojo
de mi boca. Ella fue la alegoría
de aquel otoño y la melancolía
de un árbol bajo el párpado de un ojo.
¿Me amas? –me preguntó-. Te quiero, amor,
-grité, bajo un crepúsculo de fuego-.
Y fue una herida abierta, y fue una flor
de melena ardïente y pelirroja.
¿Me amas? Te amo, mujer. Gritó –ya ciego
de carne-: ¡aquel gusano, por la hoja!
Antonio Ramos Olmo -ESPAÑA-
No hay comentarios:
Publicar un comentario