Noches, días, horas, minutos y segundos,
y se consume como si nada, mi vida,
y el fantasma de tu recuerdo me persigue,
busco asidero en mi soledad, y no hay escape,
la sombra de tu presencia me acompaña,
sudo, tiemblo, intranquilo me desplazo,
de cigarro en cigarro, mis penas sufro,
y en la almohada quedan, grabadas mis tristezas.
Veo la copa del vino añejo y su cosecha,
mas nos está en ella la cura de mi insomnio,
esta sed que tengo yo, y que mi alma mata,
es pura esencia de mujer, es mi castigo,
y curar mi sed de ti… no está en mis manos,
ni en las del vino.
DARWIN I. FLORES VARELA
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