martes, 14 de octubre de 2014

EMBAUCADORA.


¡Ay, mujer!
¿Cuantas veces miraste las sombras
antes de cerrar tus ojos?
¿Cuantas veces,
tu codicia de palabras
conmovió la pálida tez
de las tinieblas?
En el sereno nido de rapaces,
el calor de las ramas me amedrenta
y me causa ese miedo
que nace de las pisadas
que no se oyen en la noche.
¡Ay, mujer!
El dolor es parte de la vida,
¿serás mi dolor
tras mi muerte
y la resurrección
de las sombras codiciosas
que me buscan el alma?
No me causes más pena,
no jures muerte eterna,
ni calumnies al destino,
al mágico ser
que nunca ha existido...,
exactamente,
como tú...
¡Ay, mujer!

Julio García del Río

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