Del papel surgen sensaciones espontáneas, de viajes, de rincones comunes o simplemente recuerdos, de llegadas y partidas… de encuentros y desencuentros, de él salen las primeras ideas, de palabras que después se convierten en historias, cuentos, poemas… es diferente, surgen figuras, dibujos, colores, vida… es un contacto vital con la materia, con la esencia misma… su olor, su blancura infinita… del boli, el olor a tinta… del lápiz, el olor a cedro… estos se mezclan con el lugar donde estés y, de eso salen otras historias, otros apuntes diferentes… es como viajar en el tiempo. —Como cuando jugaba con los lapiceros en las tardes después de clase—. Es un momento intimo, reconfortante, iluminado por el niño que quedó dentro; pero también testigo de lo que haces, en el momento mismo de transcribir las palabras que te salen ante una puesta de sol, una idea, una reflexión… es el testigo de tú tiempo, de las horas, de los días, de una existencia, de una vida…
Juan Manuel Álvarez Romero
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