lunes, 21 de octubre de 2013

SALMO

Impregnado de fe y alabanzas
Me arrodillo ante las líneas telefónicas
Y los tristes empleados de correos
Por mantenernos unidos
Al realizar su trabajo.
Las cabinas de teléfonos
Son confesionarios
En mitad de las calles,
Instrumentos de una religión.
Son cajas de magia;
Meto mi brazo por uno de sus auriculares
Y lo saco por el tuyo
Para rodearte la cintura
Tal y como solía hacerlo.
Alabo a las líneas telefónicas
Por haberme otorgado un brazo
De miles de kilómetros.
Veo pasar los trenes de correos.
Cualquier día de estos
Voy a cortarme la mano
Para introducirla en un sobre
Y poder acariciarte
Cuando abras mi carta.
Doy culto a las fábricas de papel,
A las sacas del correo,
A los vendedores de teléfonos,
Al sonido producido
Al descolgar el auricular.
Añoro la luz de tus ojos.
Añoro tu cuerpo
Cuando me siento solo.
Entonces, marco tu número
O te escribo unas letras,
E impregnado de fe y alabanzas
Me arrodillo ante las líneas telefónicas
Y los tristes empleados de correos
Por mantenernos unidos
Al realizar su trabajo.

Del libro En pie de tregua de DANIEL GRANADO PULIDO -Cádiz-

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