Cuando Pandora abrió la caja y salí al mundo, vagué preguntándome dónde habitaría para hacerme inmortal. Ni en el más maldito de mis sueños hubiera imaginado que la humanidad se construiría en base a mí.
Soy tan poderosa que los hombres me abren las puertas de su concien-cia y corazón al golpearlas para convertirme en el amo que se conmen-sura en ellos.
Mi señorío se revela cuando al hospedarme en los humanos me proyec-to en el apócrifo mirar al otro por un logro obtenido, tanto que no les permito gozar los suyos y dispongo la entrega a mi misión de atormen-tar esencias.
Los obligo a fruncir el ceño. Me reflejo en ojos achicados, de brillo opaco y malicioso ante las buenas vidas. Doy a los rostros rigidez y a los labios de comisuras caídas les imprimo el rictus de mi amargura.
Para que la semilla de mi frustración crezca como maleza, me adueño de cuerpos. Tensiono cuellos. Encorvo espaldas debido al peso del triunfo ajeno. Causo una respiración entrecortada para que el alma llena de pa-labras secas se exprese con voz disfónica, porque la garganta se atrofia de tanto tragarme.
Clavo agujas de malicia en la boca del estómago para que no osen igno-rarme. Y tiemblo en las piernas si un extraño disfruta. Los hago maldecir y hundir en el resentimiento. Convierto las vidas en una miseria errante, carente de anhelos propios o de aquellos que mueren ante lo que les pa-rece poco y desean más.
Soy la nefasta obra que los banausos tallan a mi imagen y semejanza. A cambio les doy la ilusión de exclusividad; cuando sólo son copias de los acólitos en los que me reproduzco.
Me complace ser negada. Es otra de mis artimañas para desarrollarme agazapada. Nadie podrá jamás alcanzar la exégesis de mi arcaica razón.
Fui el motivo de Caín. He moldeado las Edades. Y si un solo hombre so-brevive al Apocalipsis, yo ascenderé en él para corroer al Paraíso.
Barbarela Acuña -Argentina-
Publicado en la revista Hoja de Palabras
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Hace 7 horas
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