sábado, 19 de octubre de 2013

EL GOYO

El Goyo, el hermano del Pija, ha muerto.
Tenía treinta y tantos años y era el pequeño de siete u ocho hermanos.

Ya está.
Nada más hace falta saber de El Goyo.

No era nadie.
No era ni tan siquiera una vida sombría.

Se levantaba todas las mañanas pisoteando las flores de su ignorancia a cuestas.
Rebrotaba en los bares y en tres días se bebía la ayuda que le daba el Estado.

Yo no se si El Goyo estuvo en prisión como su hermano El Pija.
Qué más da si también era un estupefacto como su hermano.
Como su hermano, golpeaba sus instintos básicos contar el anochecer.

Murió antes de que llegaran las golondrinas de verano aunque él no lo supiera.
Murió antes de que le echaran en falta en ninguna parte.

Su vida no existía.
Él no era él.

Tal vez era buena persona si no te lo encontrabas muy borracho vagando por las calles vacías.

Se iluminó su vida con los esputos de la lucidez absurda, tal vez.

El Goyo, borracho e ignorante, sombra de persona, no sabía qué era,
ni supo nunca la diferencia entre vida y muerte,
ni que su vida sería una poesía deprimente sin principio ni final.

GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-

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