como parece que la vida en sí, se encierra
en un cajón despoblándose de pronto.
Si atardece pasearé,
justo hasta las marismas,
allá, hacia el oeste donde
el astro rey se sumerge en la bahía
para echar a suertes su resurgir.
Y si atardece, sólo si llegamos a atardecer,
no fabricaremos más eco del dolor,
enterraremos hachas y armaduras.
Soplaré un quejido por cada estrella del cielo.
¡Me arrodillaré! ¡Arrojaré mi cuerpo en reverencia!
¡A un sol muerto! ¡A media asta!
Porque tú y yo atardecemos... atardecemos con él.
Si atardece en esta vereda entre salinas
provista de alma, nada podrá llevarme ya
al infinito, al horizonte incierto, a vivir un más allá.
No quiero ver que atardecemos.
Y si atardece ya no más tú conmigo
nunca ya este los dos, sino tú y yo,
yo en una vereda entre salinas,
yo rompiendo cada día en el camino.
Si atardece alargándose la sombra desde las estatuas.
Qué fiestas la desdicha y la pena.
No te invitarán y tampoco lo harán conmigo
que me desgarro porque atardece.
¡Me arrodillaré! ¡Arrojaré mi cuerpo en reverencia!
¡A un sol muerto! ¡A media asta!
Porque tú y yo atardecemos... atardecemos con él.
El suelo que pisamos se relame
porque sabe que jamás naceré otra vez
al final de este sendero de delirios.
Y si atardece y si atardece. Si atardece…
EDUARDO FLORES
Publicado en el blog lamuertedelsuspiro

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