saboreando mi sangre.
Hay manos dentro de mí
que no conozco
que me empujan hacia abajo.
Mis huesos
son sombras de otros huesos,
y están vivos,
conscientes de sí.
Pero mi piel, agonizante,
no lo sabe.
Hay ojos que me miran
me lamen y me asustan.
Algo o alguien
que me despuebla de mí
o me desnombra.
El aire es una inmensa tumba,
pero mis huesos vivos
lo ignoran.
Mi carne,
robada hace ya tiempo
a su dueño,
lo sabe bien.
Tengo a la Nada
en la voz,
y no soy capaz
de verla.
VÍCTOR DÍAZ GORIS -República Dominicana-
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