Allá en la lejanía se anuncia su llegada,
obscuras nubes negras, obscuras y sombrías,
relámpagos intensos, y rayos… vida mía,
tu ausencia se agiganta, al cielo no le agrada.
Arrecia la tormenta, el cielo se derrama,
se inundan las laderas, y la precaria noche
se vuelve pesadilla… me acuerdo del derroche
que hacías de tu cuerpo… en la vacía cama.
Si… aún en la tormenta, con todo y sus estragos,
la forma de tu cuerpo, tus besos , tus caricias
tu entrega satisfecha, el rose de tus manos,
mil rayos de placer… al sorbo de dos tragos.
Tormenta que bajaste del cielo embravecida.
tormenta que dejaste, la tierra bendecida,
¿Cómo pagarle puedo al Dios que abrió los cielos,
como poder decirle, que estoy agradecido?
Como poder decirle, al Dios de la tormenta,
que extraño tu presencia, amante vida mía,
que ni el fragor constante , de rayos o centellas ,
impiden que yo te amé… como amo las estrellas.
DARWIN I. FLORES VARELA
viernes, 21 de junio de 2013
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