Las gotas de perfume de Chanel
golpeaban los apuntes de alemán
mientras,
como un espantapájaros,
mis ojos escribían
en rojo
tu silueta
en la pared.
Te desnudé y cada mordisco atropellaba tu ropa
como a una flor en el camino.
Ciego,
guiado por tu perfume,
descendí imagen a imagen,
encaramado a ti,
como un gallo avariento,
sabiendo que la dulzura
de tus secretos imposibles
asomaban a tu rostro.
Como un niño sin pasado,
mi mente y mis dedos,
mis labios,
ocupaban todos tus espacios.
Llorabas colgada del cuello de ti misma
y las caricias volaban mezcladas entre risas,
dientes,
caricias
y apuntes en alemán empapados de perfume de Chanel.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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