domingo, 13 de mayo de 2012

SOÑANDO

SEGUNDA PARTE


Al darme la vuelta me encontré entre altas dunas y bajo un sol implacable. Sudaba y mis labios resecos ansiaban el frescor de unas gotas de agua. Pero allí no había agua sólo arena, mucha, mucha arena.

Di una vuelta enredador buscando una pista que me indicase un camino a seguir. Pero en la arena no había huellas. Seguía sudando y allí parado el sol me quemaría la piel. Tenía que moverme. Caminando encontraría un oasis, o una caravana. Empecé a caminar sin saber donde me conducirían mis pasos. Sin saber si elegí la dirección correcta. El sol en lo más alto encendía todo mi cuerpo que dejaba escapar el sudor a chorros. La vista se me nublaba y apenas distinguía lo que tenía delante.

Después de una hora de andar a la deriva, ardiendo como una brasa, caí de rodillas sobre la arena. No podía más. Estaba deshidratado. Necesitaba urgentemente agua. Intenté levantarme. Fue inútil. Las fuerzas me abandonaron. Todo terminaba para mí. Ya de mis labios no escaparían más palabras. Mis manos no escribirían más versos. Mis ojos no verían más paisajes. Mis labios no besarían nunca más los tuyos. Mis brazos no abrazarían a mis hijos. Mis oídos no oirían sus quejas, ni sus palabras llenas de amor. era el fin. Cerré los ojos esperando que mis latidos cesasen.

JOSÉ LUIS RUBIO

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