La ocupación de la ciudad por parte del ejército prusiano, no suponía para la población de Rouen la preocupación prioritaria del momento, sino los continuos ataques que una bestia mitad hombre mitad lobo había llevado a cabo en los últimos tiempos, diezmando muchas reses de ganado, y acabando con las vidas de Mathieu y Julien, respectivamente el primogénito y el hijo pequeño del cazador Jean-Pierre, cuyos cadáveres nunca aparecieron aunque los indicios no dejaban lugar a dudas. La situación después de estos sucesos se volvió insostenible puesto que Jean-Pierre, un personaje de naturaleza colérica y propenso al alcoholismo, fuera de sí por el asesinato de sus vástagos, hizo que para esa misma noche se organizara una partida de caza con ánimo de perseguir al asesino de los suyos hasta la muerte, una proposición que recibió un apoyo mayoritario.
Los hombres de Rouen salieron armados hasta los dientes, dispuestos a matar o morir, frente a un enemigo común que se había convertido en la peor de sus pesadillas, y que según los testimonios se trataba de un lobo antropomorfo de casi dos metros de altura. Después de varias horas de búsqueda y de perder a tres compañeros en el intento a manos del engendro, Jean-Pierre dio con la criatura, apuntó con su rifle y apretó el gatillo, con la absoluta certeza de no haber errado un disparo que, en el caso de cualquier otro animal, habría resultado mortal. En cambio ese ser demoníaco había sobrevivido, pero el reguero de sangre dejado tras de sí era la prueba fehaciente de que alcanzó de lleno a ese bastardo, cuyo rastro no dudó en seguir. El monstruo que hasta aquel entonces atemorizaba a todos los habitantes de Rouen, yacía inerte a escasos pasos de distancia, aunque la triste realidad impactó en él como un auténtico mazazo, porque el licántropo al que abatió y que había recuperado su forma original al fallecer, no era otro que Julien, al que creía muerto. Pronto escuchó un ruido, y al girar la cabeza se topó de bruces con una gigantesca faz lupina cuya mera visión helaría la sangre de cualquiera. Lo peor de todo, es que esta vez sí sabía de quien se trataba...
Israel Santamaría Canales (España)
Publicado en la revista digital Minatura 117
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Hace 1 día
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