sábado, 11 de mayo de 2013

TRANSFIGURACIÓN


En el centro del mundo, el corazón
del mar en medio de la tierra .
Aquí está su latir. Un corazón abierto
en esta hora roja que balbucea líquida.
El trazo de las aves se oscurece.
Y advierte desde el cielo su último clamor.
Lo demás ya es un eco que persiste en la roca
y en la pulpa del cráneo.
Lo demás son rumores que preludian la noche
aún gris en las arenas.
(Un pájaro abatido en sus estrías
marca su sombra tenue como de piedra lisa,
y la piedra arrumbada, más allá,
responde con su sombra de ala en las alturas.
Confusión de la noche que todo tergiversa).
Las algas en la orilla
naufragan el aroma remoto de los tiempos.
Hora de las hogueras. Simulacros distantes
de un declinado sol que incendia los perfiles.
Réplicas excitadas de la inasible luz.
Lámparas de la ausencia. Los ojos en la escena,
desde la gradería de guijarros,
dan fe de lo que ocurre bajo el acantilado:
el relevo del día, la entrada de otra luz
que entenebra la cala, el trueque
del reguero amarillo en la fragua del oro
por la estela de plata en el envés de azogue …
Como si alguien se hubiera mirado en otro espejo.
Como si el mismo espejo observara otra imagen.
En esta hora.
Cuando el mar se ennegrece y pide ser la mar.
Aún las chicharras suenan en la loma
tras el cerco de pitas. No sirenas,
que con su canto obliguen al regreso.
Aquí ,
sólo el mar canta su latido
y deshace ataduras con lo que quedó fuera.
Sortilegio del mar, que hace ser mar,
y noche,
y húmedo deseo,
y ser
en constancia de ser.
Es su llamada.
Y el cuerpo se desliza a su reclamo.
Y es también temblor tibio, y tinta, y plata rota.
Ante la luna inmóvil.
Calco de esa otra luna donde se inscribe el día.
Lo demás será sueño.

Del libro Cuando los pájaros de Rosa Romojaro
Publicado en Siete mujeres frente al mar

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