lunes, 13 de mayo de 2013

RINCÓN PARA DICIEMBRE


Después vino diciembre
con sus trenes resucitando
entre avenidas,
con sus payasos alertas entre la garúa,
prestidigitadores de la nada
zumbando como avispas
mientras nos confiscaban el salario.
Pero vos y yo estábamos
ya pertrechados
en un lecho de lentísimos pétalos,
mirando al pie de la montaña
las prístinas neblinas del amor.
Aprendiendo el arrebol de tanta cercanía,
leyendo poemas de Federico o Hernández,
o los propios estigmas
que imaginé contra el olvido.

Después vino diciembre.
El mapa borró mis antiguas distancias.
Tus besos devastaron a su paso
todas mis más lentas heridas,
infringiendo con sus lágrimas
las señales tardías de mi ocaso.
Y amé todo el sentido de tanta noche nueva,
los signos que dejamos en la arena
para que fuéramos de pronto pescadores
halando las redes incesantes de una vida
que al fin se nos devuelve,
inagotable.

Después diciembre fue el rincón
donde amanecer contigo es un ritual de sed
y canto para siempre.
Fue sólo este rincón.

Del libro Contravestido y otras humedades de Ronald Bonilla -Costa Rica-
Publicado en la revista Con voz propia 52

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