Siento tus manos sobre mi piel
amplio recorrido abrupto de los años,
arrugas que fueron hechas a manera
de tectónicas placas de edades arcaicas.
Sin embargo, me recorres como el
tren enamorado que sube a la alta montaña
donde te pitan los oídos por la baja presión
y tus labios me dan el oxígeno que necesito.
Recorres mi piel como si fueras un caballo loco,
a mí me conviertes en pradera festiva de flores,
hasta con festival de sombreros ingleses
para que yo ría en estos últimos años de la edad.
Es mi piel tu camino, sustento del vehículo
que eres cuando te trasladas a mi cercanía.
Cuando haces que esta isla desierta
abandonada un viernes por Robinsón
encontró la goleta salvadora en la última luz del día.
Un rayo verde de vida que me inyectacte en vena.
Soy mujer. Sí, soy mujer y siento. Siento tu piel en mi piel.
A pesar de los 85 años de vida recorrida,
de cordilleras levantadas, de terremotos sufridos,
de sequías eternas, de eclipses lunares lejanos
de eclipses solares que me enfriaron el alma.
Soy mujer muerta que era y ahora en rayo de luz vivo,
energía universal que recorre mi columna vertebral
para ser mujer viva, viva, viva, joven sin edad.
En tus brazos de tu piel que me quieres
cuando me recorres ya mayor
para quererme, quererme y quererme.
Alfonso Saborido
Publicado en el blog asidonia
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