No creas que cerré todas las puertas,
no estés tan segura.
En alguna no encajó la cerradura y quedó abierta
pero no sé si fue arriba o abajo.
¿Acaso importa eso?
Si es una de arriba no hay salida para ti,
si es que piensas marcharte;
si es del piso bajo nada te impediría salir,
aunque creo que no piensas en ello.
No obstante colocaré todas las llaves, todas,
en la mesa del salón para que veas
que confío plenamente en ti
y sé que permanecerás a mi lado
hasta que el agua del vaso
se haya evaporado y la última gota
resbale hacia el frío suelo marmóreo.
¿Estoy en lo cierto? ¿Me equivoco?
Las llaves están ahí. ¡Cógelas!
A mí ya no me hacen falta
porque yo, no tengo intención de salir
porque, tú sabes, que aquí están
todos mis recuerdos y todos mis amores.
Te extraña eso pero es totalmente cierto.
No muevas la cabeza y dame la razón.
¿Qué me espera fuera de estas cuatro paredes?
Casi todo me es indiferente
porque nada envidio ni nada me ilusiona.
Ahí, entre esos papeles que ocultan
mi mesa, he escondido el alma
y la única sonrisa que aún me conmueve.
A ti seguramente no te haría reír
porque tú nunca ríes y eso te hurta la hermosura.
Mírala, despacio, muy despacio.
Dime, ¿no es inmensamente bella?
Heredó el mar y a la tierra y la mezcla
resultó explosivamente impresionante.
¿Te atreves a dudarlo? Ya veo que no.
Anda, vete, no sufras viéndome sonreír.
Cuando estés segura de ti misma,
vuelve. Te esperaré sentado con un vaso
lleno de agua hasta el borde.
Éste acabará también evaporándose
y tú te perderás entre mis papeles
buscando mi escondida alma
que posiblemente ya no esté allí
que quizá, como el agua del vaso,
se haya evaporado y mojado el suelo.
No pierdas el tiempo, para qué ver mi alma
si en ésta nada nuevo encontrarás.
Déjame descansar en mi sillón leyendo
ese último libro de poema que no escribí
pero que es de algún compañero
que ha querido alegrar mis monótonas horas
con sus versos profundos y sentidos.
Toma las llaves. Abre todas las puertas.
Deja escapar los fantasmas que se ocultan
en las estanterías llenos de polvo.
Ellos saben que yo no me moveré de aquí
porque aquí está todo cuanto me satisface.
No necesito buscar en otros lugares.
Aquí está mi mar, mi pensamiento
y en algún sitio escondida, mi alma.
Del libro inédito El beso de la muerte de
JOSÉ LUIS RUBIO
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