martes, 7 de mayo de 2013

MANOS DE MUJER


La mujer se alejaba intentando arañar las venas
de la luna
que de tan cerca convertía sus escalofríos en piedra.

Mientras,
la mujer caverna,
huyendo amamantada por los nervios de la renuncia,
oliendo a casa vieja de muslos lóbregos,
se miraba las venas de las manos,
manos de recónditos atardeceres moribundos,
manos de asir acre,
manos de la reseca mugre de la insistencia,
soñando que se aburría.

GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-

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